Deshojando la margarita

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La respuesta llegó un 14 de febrero, mediante mensajero urgente, y cayó como un jarro de agua fría sobre su optimismo; aunque creía haber expuesto de forma irrebatible la evidente necesidad de una prórroga, le comunicaban que en realidad debía apurar aún más los plazos de entrega, pues Todo Dependía de Ello. Víctor, con el casi imperceptible mordisqueo con que la gente de elegancia estudiada se arranca las pielecitas de los labios, dedicó sus cinco últimos latidos a deshojar la margarita: «Un café… una tila… un café… una tila… un café

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Archivado bajo Cuentos dispersos, Microrrelatos (jóvenes y adultos)

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