Una entrevista para la librería La Tramontana, de Sitges

Rosa, librera de La Tramontana, en Sitges, me manda un cuestionario que respondo como mejor sé, o sea no bien, sino requetebién. Por ejemplo, ella me pregunta «qué media de libros leo al mes» y yo le digo, después de hacer todos los cálculos precisos, que «sumando enteros, mitades y cuartos: muchos». (Algunos habrá que no lleguen a cuarto, pero son minoría.) También, como humilde que soy, cuando algo no lo sé, lo pregunto. Así, cuando ella quiere saber qué libro guardo como oro en paño, como resulta que yo entiendo poco de paños y desde luego nada de oro, antes le pido que me aclare si el eso-en-cuestión se guarda en las estanterías baratas del Ikea, que es donde yo, común como el común de los mortales, tengo mis libros (hasta que el estante cede por sobrepeso, al menos). En fin, allí cuento las grandes verdades que nadie se atreve a confesar y hasta doy alguna respuesta en serio, como la de cuál es la mejor medida para animar a leer: yo digo que el minuto (de preferencia, minuto largo) estupendo de leer, noche a noche, al menos unas páginas de cuento a nuestros hijos. El texto entero, en el blog de La Tramontana o, por gusto de archivarlo, a continuación.

Gonzalo García “Darabuc” en el NO SOLO PROUST TIENE UN CUESTIONARIO

Si Gonzalo García (de los García de toda la vida. Ojo, no confundir con hermano o primo de los libreros) vive como escribe, entonces estamos seguros de que habrá codazos para estar cerca de él, porque resulta de lo más entretenido. Es lo que tiene crear historias para niños (acaba de llegar a nuestras manos su libro “La bruixa Lletjards”) y contarlas (para muestra, la foto que ha elegido en la biblioteca de Caudete): que terminas contagiado de frescura. El lema de Darabuc, “Un piececito adelante. Y el otro”, ya lo hemos hecho nuestro.

Gonzalo García “Darabuc”

Edad: la de un padre de dos niños.
Natural de Barcelona
Traductor
http://www.darabuc.com/
“Me gustan los libros que vuelven a la vida, a la amistad, al amor”.
1. El mejor sitio para leer.
¿Los hay malos? Creo que leo en cualquier parte. En los bonitos, cómodos, luminosos, agradables, porque se disfruta. En los horrendos, incómodos, oscuros y desagradables, porque leer les da luz.
2. Tu editorial preferida.
Me pones en un brete, pero quizá la que más me ha hecho disfrutar es Kalandraka y la que en cierta forma es hija suya, OQO. Pero si me preguntas mañana te diría otras. Hay mucha labor de calidad, sobre todo en los últimos años de la producción de álbumes infantiles, que es donde he intentado acotar la respuesta. Ahora, este es solo un rinconcito de los libros: por hablar de otros, Hiperión en poesía, Crítica en las ediciones clásicas, Valdemar en la aventura, Lóguez en el compromiso, Siruela, porque sin Siruela no seríamos los mismos, Barbara Fiore, porque tiene maravillas, La Galera, porque crecí siendo grumet… Y no me quiero olvidar de Thule.
3. Cuando abres la puerta y entras en una librería…
Digo buenos días, como me enseñó mi mamá. Solo que no siempre se me oye: la música de fondo está muy alta, ya se sabe. Ah, y si puedo decirlo, ya que estoy en la tele: las tallas, fatal. El otro día me probé un libro de la 38, que yo siempre he gastado la 38, y le reventé las costuras en el mismo probador. ¡Lo que me costó devolverlo al estante sin que se notara!
4. El primer libro que leíste.
No sé. Mi primer recuerdo de libro es un cuento de peces, ¿quizá de Aguilar? (¿Será posible que Aguilar editara nunca cuentos de peces? Pero así lo recuerdo.) Lo vi aún en una biblioteca rural hace un par de años, pero no me quedé con el título. Me bastó con la emoción. De pronto estaba el sofá viejo, la falda de mi madre, el mundo por vivir… No sería el primer libro que leí, pero sí el que agoté, deslomé, literalmente, de tanta relectura.
5. ¿A qué personaje de ficción te gustaría parecerte?
A Jim Botón y Lucas el maquinista. Ya, personaje es singular, pero es difícil elegir, son mi Sancho y mi Quijote. Y quizá esto importe. Me gustan los libros que vuelven a la vida, a la amistad, al amor, no los que se quedan en el ensoñamiento o la desilusión misántropa.
6. ¿Qué libro te hubiese gustado escribir?
Alfanhuí, sin dudarlo. De hecho intenté escribirlo varios años. Pero si se puede seguir su estela, yo no la encontré.
7. ¿A qué escritor/a invitarías a cenar?
¿No salen muy caros? Invitaría a un editor, que tienden a pagar ellos la cuenta.
8. Unos versos de un poema que repites como un mantra.
Quizá «La aurora de Nueva York gime…», aunque desde Morente y Lagartija Nick me cuesta separarlo de la música; por sus palabras mismas, «Yo quiero ser llorando el hortelano…» lo tuve copiado como funda de Cicerón, y eso tiende a lo indeleble. Pero también Celan, «Schwarze Milch der Frühe», este siglo pasado ha necesitado mucho mantra.
9. ¿Qué libro regalarías a tu peor enemigo?
Quedó inédito. Traduje 1.000 páginas de un libro sobre la veteasaberlología de la guerra al que le sobraban unas 3.000 de esas 1.000, si no más. Nunca me he aburrido tanto. Hasta el editor se dio cuenta y no llegó a consumar la tontería. Solo que hay que vigilar, según se lea la pregunta: si lo llegan a editar, un enemigo como Dios manda te puede desnucar fácilmente y para siempre, hala, al contenedor marrón.
10. Para qué leer.
Ya lo dicen muchos. Pues que no lean. O que no coman. O que no vivan. O que no amen. La libertad es lo que tiene.
11. Y de los libros electrónicos, ¿qué dices?
Que bienvenidos todos los soportes, claro, y más este, con sus ventajas técnicas. Pero aunque un plato bonito no le siente mal a los ojos, la comida es lo de encima del plato. O sea que mejor hablemos de lo que te van a servir, no de las zarandajas técnicas. En el intento, que ya corre, de servir traducciones de 1900 escaneadas a lo Project Gutenberg, que me olviden.
12. ¿Conoces alguna película que supere al libro?
No soy muy ducho en cine. Por lo general, como en el tópico, me decepcionan. Pero el matiz anterior importa, veo poco cine.
13. ¿Te acompaña alguna música a la hora de leer?
Procuro que no. Acallaría la del propio texto. Y mi cabeza ya tiende a la dispersión.
14. ¿Qué es lo que no faltaría en un programa cultural que dirigieras?
La literatura infantil. La buena, digo; cuando se habla de ella, suele ser de la superventas. Obvio que no tengo futuro en ese campo.
15. ¿Recuerdas algún libro que hayas sido incapaz de terminar de leer?
Y cien… A fin de cuentas, estudié Filología. Había hasta asignaturas enteras donde se leía por el «valor histórico», no porque leer esos textos fuera una forma de placer.
16. Libro y vino. Libro y café. Libro y té…
Para mí un café solo, gracias. O con su pizca de miel. Y junto a los libros, infusiones que vayan humeando. Un libro y rooibos, por ejemplo que con la doble oo está muy de mooda. O ya puestos, libro y tostadicas con aceite y jamón del bueno… Bueno, no: esto solo con los de la biblioteca.
17. ¿Hay algún escritor al que no soportes pero del que te apasione su obra?
A veces me cuesta separarlo. El personaje público de Pérez Reverte me irritaburre tanto como sus novelas. En general hay tanto que leer que me vale como una de las varias razones para elegir. Pero si el disgusto me lo he llevado después, a las penas, puñalás: procuro olvidarlo. La persona importa para los amigos, como lector, si no la tengo cerca, bien puedo prescindir.
18. Un pasaje erótico que mantengas caliente en tu cabeza.
Uy, soy muy rumboso: mi imaginación no tiene problemas en suplir las deficiencias del autor, llegado el caso. A fin de cuentas, leo mucha literatura infantil, donde el erotismo no existe como tal, y bastante juvenil, donde abunda una mezcla de casposo, pacato, tópico y reducción a lo tetaménico, que poco de erótico tiene en su conjunto. Así que mejor me traigo el hornillo.
19. ¿Qué libro recomendarías a alguien que no lee pero desea iniciarse?
¿Esto no es como regalar flores a ciegas? Hagámoslo, va: Narradores de la noche, de Rafik Schami.
20. ¿A qué lugar literario te gustaría ir de vacaciones?
A una biblioteca amplia, luminosa, tranquila, y sin horario. Pero supongo que preguntas por el contenido, no por el continente. Pongamos la Siria de Schami, y más, en comparación con la actual.
21. ¿Qué mascota literaria adoptarías para casa?
De niño había adoptado a Negretxo, más aún que a Rovelló.
22. El título más bello que recuerdes.
Cuando el viejo Sinbad vuelva a las islas.
23. Una medida para fomentar la lectura.
Si valen medidas de tiempo, el minuto. Porque basta un minuto cada noche (más aún, si es de los largos, que se miden con el cuento, y no con el reloj), de leer con todo el cariño antes de ir a dormir. Es una gozada, para todos.
24. ¿Cuál es el último libro que has regalado?
Korokoro. Un sin palabras que dice mucho.
25. ¿Qué libro lees y relees y no te cansas?
Probablemente el que más veces haya releído es El señor de los anillos.
26. Tu palabra preferida.
No sé si hay palabras feas, quizá solo contextos que prefiero ahorrarme. Y en esos contextos, en alguno al menos, apenas hay palabras bonitas.
27. Media de libros que lees al mes.
Sumando enteros, mitades y cuartos, muchos.
28. ¿Qué libro guardas como oro en paño?
¿El oro en paño se guarda en las estanterías Billy?
29. ¿En qué libro tienes puestos ahora tus cinco sentidos?
Procuro no chuparlos. Bueno, menos los de la biblioteca cuando se me derrama la mousse de chocolate.
30. ¿A qué escritor resucitarías?
A Rodari. A María Elena Walsh. A quien escribió Alfanhuí. Si lo hizo Sánchez Ferlosio, ¿a qué tanto engañarnos desde entonces?
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Archivado bajo Cuentos en español, La bruja Horripilarda, Lengua de signos, Librerías

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